martes, 5 de junio de 2012

Cuando las Sombras Atacan (Campaña de Rhelus Tau 04)

Relato escrito por Sagraldar para crónicas de Vedasto como parte de la campaña de Rhelus

Aún a plena luz del día era difícil verlos, apostados tras aquellos grandes contenedores de metal oxidado. Ningún shas'vre (sargento) los había acompañado, demasiado valioso como parecer en aquel suicidio, pues esa misión lo era. Cinco sombras que se habían logrado infiltrar en aquel campamento, donde un poderoso Oráculo servía de apoyo estratégico al Fuego de la Transformación. Un hechicero menor, un psíquico renegado, pero que podía cambiar el devenir de la batalla con sus predicciones. Lo realmente extraño era que el Oráculo no los hubiera presentido ni vaticinado su llegada, pero los tau no entiendían de la Disformidad y los poderes que acarrea sobre los mortales como para saberlo o planteárselo.

Esta vez sí traían el equipo adecuado, y la senda elegida había sido Kauyon (Cazador Paciente), así que esperaban pacientemente cerca del campamento a que sus enemigos cometieran el más mínimo error para abalanzarse sobre ellos. Dada su inferioridad numérica, la elección parecía la acertada. Un ataque suicida contra el núcleo de sus enemigos habría sido la muerte de fallar el único intento de que disponían. De pronto se escucharon pasos metálicos provenientes de las cercanías de una trinchera del campamento. Un grupo de marines del caos se aproximaba, quizá una escuadra de vigilancia rutinaria. El grupo preparó sus armas y encendió sus retrorreactores. Para cuando el enemigo los escuchó caer del cielo ya estaban en el suelo, presa de las andanadas de los cañones de inducción y del bláster de fusión, para volver a desaparecer como hubieron aparecido. El eco sordo del combate resonó en la zona un rato, antes de apagarse con un murmullo de muerte. Pasó el tiempo sin noticias, y ni una sola figura volvía a aparecer del campamento del Caos.


Esta vez, con algo más de sigilo del que suelen llevar, varios marines espaciales volvieron por donde sus compañeros habían muerto. Que gran fallo, no habían ocultado los cuerpos. La patrulla se detuvo e inspeccionó los cadáveres de sus compañeros. Rápidamente se pusieron en guardia y alzaron sus bólter, pero no dieron la voz de alarma. De nuevo los tau accionaron los retrorreactores de las armaduras sombra y cayeron por sorpresa sobre sus enemigos. Ahora sí, la escuadra de marines alertó al resto según les caía toda una lluvia de fuego de plasma y fusión, pero sólo murió un enemigo. La voz de alarma podría ser su perdición, habían sido lentos. Los marines respondieron con fuego de bólter, avanzando a toda velocidad contra los infiltradores, que se ponían a cubierto como podían bajo la intensa lluvia de proyectiles. Dos tau, incluyendo el que lideraba, cayeron en la huida mientras el resto lograba refugiarse tras el gran contenedor de metal. Los marines del caos avanzaban en su busca, ya no tenían alternativa. Los infiltradores volvieron a salir al encuentro de sus enemigos y dispararon todo su arsenal contra ellos. Otro marine cayó, pero el tercero se afanaba en acabar con los atacantes, no retrocedió, así que los tau volvieron a retirarse tras el parapeto que era el contenedor de metal. Mientras, más marines habían estado llegando al lugar, incluido el Oráculo con su escolta.

El último marine de la primera oleada cayó sin vida bajo el plasma tau y éstos, conscientes de que todo estaba perdido, salieron al encuentro de los nuevos defensores. Descargaron toda su furia contra ellos, matando a sendos de sus atacantes y volviendo a refugiarse tras el contenedor. Miríadas de proyectiles de bólter rebotaron contra sus armaduras y el metal oxidado del contenedor, pero era cuestión de tiempo que acabasen con ellos, así que siguieron saliendo una y otra vez para matar más marines lo suficientemente insensatos como para abandonar la cobertura. Pero la suerte no favorecía a los tau. Demasiados eran los enemigos y muy pocos ellos. Los bólter consiguieron derribar dos más de los intrépidos infiltradores, todo estaba perdido. El último del grupo se lanzó con el retrorreactor hacia adelante, disparando sobre el Oráculo a plena potencia de fuego con su cañón de inducción, y sobrecargando los sistemas de su armadura mimética. Logró derribar a un escolta que se interpuso entre el fuego del tau y su protegido, pero cayó presa de los disparos del enemigo. Habían fracasado, habían muerto, y el Oráculo mantenía su sonrisa demente mirando al vacío inescrutable de su locura. Incierto era el futuro Tau en Rhelus a partir de ahora.

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